Por José G. León* & Karina L. Lecomte**/
Las montañas abastecen de agua dulce a miles de millones de personas. En los Andes, gran parte de esa disponibilidad depende de la nieve y los glaciares, que actúan como reservorios naturales al acumular agua durante el invierno y liberarla gradualmente en primavera y verano. Sin embargo, el cambio climático está modificando este funcionamiento. La megasequía que afecta a los Andes Centrales desde 2010, la más prolongada registrada en siglos, ha reducido la acumulación de nieve, acelerado la pérdida de masa glaciar y disminuido los caudales de numerosos ríos que abastecen a las sociedades andinas. Aunque estos cambios en la cantidad de agua han sido ampliamente documentados, aún existe escasa información sobre cómo afectan la calidad del agua y el transporte de sedimentos, dos componentes esenciales para comprender el funcionamiento de los ríos y gestionar adecuadamente el recurso hídrico.
Esta problemática adquiere especial relevancia en los ríos que nacen en los Andes Centrales bajo un clima semiárido, donde el agua del deshielo interactúa con una geología rica en rocas sedimentarias y evaporíticas. La interacción entre el agua, las rocas y la dinámica hidrológica favorece una elevada mineralización natural. El río Tunuyán constituye un ejemplo representativo de esta configuración lito-hidroclimática y ofrece una oportunidad para analizar cómo una megasequía prolongada condiciona el transporte de sedimentos y solutos, así como la calidad del agua.
En este trabajo se analizó una base de datos de 30 años (1995–2024) que incluye registros de caudal, nieve, material particulado en suspensión y composición química del agua. El objetivo fue evaluar cómo la megasequía modificó el transporte de sedimentos y solutos, y determinar si estos cambios implicaban una reorganización del funcionamiento hidrogeoquímico del sistema o una intensificación de procesos ya existentes.
La disminución del caudal y la atenuación de los pulsos de deshielo redujeron significativamente la cantidad total de sedimentos y sales disueltas transportadas por el río. Sin embargo, el agua presentó concentraciones considerablemente mayores. Entre los años húmedos y secos, las concentraciones de sedimentos aumentaron alrededor de un 240 %, mientras que las de sólidos disueltos crecieron cerca de un 30 %, principalmente por el enriquecimiento en sodio y cloruros.
A pesar de estos cambios, las relaciones fundamentales entre el caudal y la calidad del agua permanecieron prácticamente inalteradas. Esto indica que la megasequía no modificó los procesos hidrogeoquímicos que controlan la composición del agua, sino que intensificó su expresión al operar sobre un sistema con menor disponibilidad de agua y menor capacidad de dilución. En otras palabras, durante la megasequía el río transportó menos sedimentos y sales debido a la reducción del caudal, pero el agua que circuló fue más mineralizada y presentó mayores concentraciones de sedimentos.
Estos resultados sugieren que, al menos en este tipo de cuencas andinas, la megasequía actúa principalmente como un amplificador de procesos hidrogeoquímicos preexistentes, más que como un agente capaz de reorganizar el funcionamiento del sistema. Comprender esta diferencia es fundamental para anticipar la respuesta de la calidad del agua y del transporte fluvial frente a un clima cada vez más cálido y seco, y para diseñar estrategias de monitoreo y gestión adaptadas a los ríos de los Andes Centrales.

*Instituto Nacional del Agua, Centro de la Región Semiárida, Villa Carlos Paz, Argentina
**Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN), Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Córdoba, Argentina
León, J. G., and K. L. Lecomte. 2026. “ Megadrought-Amplified River Geochemical Export in the Central Andes.” Hydrological Processes 40, no. 6: e70594. https://doi.org/10.1002/hyp.70594.

